Viajar

4 Ene

Viajar

viajar antje

Actualmente, todo el mundo está viajando. Son los últimos días del año, y todos quieren pasar este tiempo con su familia, sus amigos – simplemente con alguien que quieren. De hecho, yo también me puse en camino hacía casa para pasar Navidad junto con mis padres en Alemania. Y conocí a varias personas que me contaron sus planes para las fiestas al fin del año:

Ya en el autobús desde Santiago a Lavacolla encontré a una mujer de la República Dominicana. Lleva varios años viviendo en Santiago, aunque al principio echaba mucho de menos  el buen tiempo y el modo de vida dominicano. Me contó que era escritora. Tiene un blog, y se deja inspirar especialmente por lo que ve, por lo que experimenta cada día. Estaba en su camino a Barcelona aquel día 22 de diciembre, para pasar unos días junto con amigos en esa ciudad. Como estábamos sentadas en un asiento de cuatro en el autobús, enfrente de nosotras se sentó una familia, es decir, una pareja con su hijito. Ellos, así nos contaron, iban a pasar Navidad en el sur de España. Allí tienen familia. Así charlando, los veinte minutos pasaron volando, y al salir del autobús nos despedimos, deseándonos felices fiestas y un próspero año nuevo.

En el aeropuerto vi a una mujer joven que estaba esperando junto con su perro chiquito, dándole de beber y comer. Muy curiosa, me acerqué porque quería saber cómo es cuando vuela un perro, y (lo más importante) de qué raza era. Era un Malteser Mini, y el perro volaba sin problema, me dijo la chica, ya había viajado varias veces. Esta vez iban a Rusia, Moscú, para Navidad. ¡Qué destino más lejano – y frío! Pero la gente, especialmente al final del año, se incomoda de cualquier modo para estar con su familia…

Finalmente en el avión, se sentó un austriaco a mi lado: Trabaja en Santiago en la universidad como profesor de alemán, y me contó que iba a casa varias veces durante el año para estar con su familia. Vivir lejos de casa significa estar separado de sus  seres queridos… Esta vez podía pasar mucho tiempo en casa, hasta el 19 de enero, pues no había clase en Santiago.

Tuve escala en Palma de Mallorca, una escala horrorosa de cinco minutos, pero alcancé el siguiente vuelo. No sé si este día Dios me acompañó o si todo pasó por casualidad, pero durante mi segundo vuelo conocí a una chica joven, alemana, que quería pasar Navidad en casa, como yo, con sus padres. Ella me narró su historia: Que estaba de au pair en Mallorca, con una familia muy amable, y que iba a vivir allí hasta junio. Le pregunté de dónde era. De Hankensbüttel. ¡Increíble! Vivía como  a veinte minutos de mi casa, e intercambiamos nuestros números de teléfono.

¡Qué viaje más divertido, más interesante! No me gusta mucho viajar, y todavía menos me gusta volar. Pero la verdad es que disfruté este viaje un montón. ¡Qué todos  los viajes sean así…!

A todos los que tienen que viajar: Qué Dios os proteja, siempre está con nosotros y decide sobre nuestro destino.

Antje

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