¿Es esta la sociedad que nosotras, las mujeres, queremos?

15 May

En la sociedad contemporánea, caracterizada por el alto grado de desarrollo tecnológico y rapidez en los flujos de comunicación, se puede observar también los cambios ocurridos en las relaciones sociales y especialmente en el papel de la mujer. Indudablemente la figura de la mujer ha ganado relieve y ha podido encontrar espacio para proyectar su protagonismo en el ámbito familiar, laboral y social. Los avances son incuestionables y verificables en la creciente cantidad de mujeres independientes, jefas de familia y directivas de empresas, o sea, dueñas de su propio camino.

Está claro que muchos de los papeles desarrollados actualmente por las mujeres, serían impensables hace cincuenta años, pero ¿se puede decir que llegamos hasta la situación ideal? ¿Deben las mujeres quedarse satisfechas con las condiciones relacionadas a su género actualmente? De acurdo con mi perspectiva, yo contesto NO a las dos preguntas anteriores. En esta misma línea, afirmo que todavía persisten inúmeras barreras que deben ser eliminadas para que las mujeres sean respetadas y valorizadas. No es lógico que las mujeres sufran discriminación por su género cuando tienen la misma capacidad y potencial para desarrollar diversas tareas en ámbitos muchas veces dominados por la figura masculina. No es razonable que en el pleno siglo XXI las mujeres en todas las partes del mundo no disfruten de la igualdad de salarios con los hombres cuando ocupan los mismos puestos de trabajo.

De igual manera, no tiene sentido que mediante casos terribles de acosos sexuales, la mujer sea acusada de provocar tamaña atrocidad por la ropa que estaba llevando cuando fue agredida. En mi opinión, una sociedad que culpabiliza a una víctima para justificar un crimen tan grave no está cerca de ofrecer las condiciones ideales para sus integrantes femeninas. Todos los días, mujeres son agredidas, sufren malos tratos psicológicos y no son valoradas de acuerdo con los puestos que ocupan. Del mismo modo, son encuadradas en patrones anticuados y ultrapasados de belleza y comportamiento. Así, una mujer cuando llega a cierta edad en las sociedades contemporáneas, se encuentra con una serie de restricciones con relación al modo como vestirse, la presentación de su imagen, de su cuerpo, sus actitudes etc.

Un buen ejemplo que ilustra tal situación son las reacciones negativas a las apariciones de la cantante norteamericana Madonna, que a los 56 años sigue su carrera con entusiasmo. Conocida como una mujer polémica, desde los años 80, Madonna es referencia en la quiebra de estereotipos y tabús, considerando que siempre sustentó una imagen de mujer independiente, que expresa su sexualidad y conduce su vida de acuerdo con sus propias reglas. Hasta hoy, la cantante norteamericana es referencia en la lucha por la expresión femenina y los derechos de la comunidad homosexual. En sus conciertos expone su cuerpo y baila como en los años iniciales de su carrera. Sin embargo, las críticas a su comportamiento y a sus ideas son cada vez más maliciosas y prejuiciosas. Muchos se quedan atónitos con el hecho de que una mujer de casi 60 años exponga su cuerpo y lleve ropas consideradas adecuadas solamente para mujeres jóvenes. Incluso, empresas de radio recientemente se negaron a emitir sus canciones más recientes por considerar a Madonna “vieja y pasada de moda”.

Pues a mí no me parece nada coherente la lógica de que cuando se llega a cierta edad no se pueda ya seguir los propios gustos y vivir de acurdo con el estilo más adecuado a la personalidad. Las restricciones y prohibiciones relacionadas a cada año de vida de la mujer son imposiciones sociales que deben ser deconstruidas a partir de comportamientos como los de Madonna, que mantiene sus convicciones y defiende el derecho de la mujer a expresarse y presentarse de la manera como le parezca mejor, libre de las amarras asociadas a la figura femenina. La sociedad ya ha conquistado avances, pero estos son apenas el comienzo para que más cambios substanciales sean introducidos para romper con la tradición machista de disminuir el papel desarrollado por las mujeres.

MADONNA

Madonna en los Premios Grammy, febrero de 2015

Letícia Pereira

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