Alea iacta est : por fin se acabaron las elecciones

8 Dic

 

Buscando la inspiración para mi contribución a este blog, la hallé en una entrada con el título “Quo Vadis Austria”. Trataba de la segunda vuelta electoral de las presidenciales en Austria, el 22 de mayo de este año, y a la vez, del preocupante resultado que se había atisbado – un país dividido en dos partes contrapuestas. (Antes que nada, quiero aclarar que esta entrada no pretende ser cien por cien imparcial, yo como votante, también pertenezco a una de las dos partes y a través de estas líneas os presentaré mi perspectiva sobre las elecciones.) Lo que aún no sabía, era que con este resultado las elecciones todavía no se habían acabado.

Para entender eso, echemos un vistazo a los acontecimientos que siguieron a la entrada de mi compañera. Después del recuento final de los votos por correo, nos acostamos pensando que los próximos 6 años nuestro presidente se llamaría Alexander Van der Bellen, un progresista, ex profesor universitario y ex partidario del partido verde.

Había sido un casi empate, unos 31.000 votos habían sido decisivos, es decir, había ganado por los pelos el nuevo presidente, pero había ganado.

Sin embargo, ya sabemos que la vida da muchas vueltas y tras perder las elecciones, el candidato de la extrema derecha, o más bien Heinz-Christian Strache, el presidente del FPÖ, anunció que no iba a reconocer el resultado y que habría que investigarlo, así que se decidió por una impugnación, un derecho que le concede la ley.

Resumiendo el mes de indagaciones: el 1 de julio el Tribunal Constitucional de Austria publicó una sentencia única hasta hoy en día, en la cual constaba que por la posibilidad que hubiera habido fraude en las elecciones habría que repetir la segunda vuelta . Habían encontrado varias irregularidades en el recuento de los votos que afectaba a más de 77,000. Aunque en ningún instante se pudieron comprobar manipulaciones, el número de votos afectados hubiera podido cambiar el resultado final. Desde un punto de vista democrático tenían razón, que nunca debería caber la duda que un presidente u otro representante de un país hubiese sido elegido bajo circunstancias dudosas, porque destruiría la fe de los ciudadanos en el sistema de voto. A pesar de eso, la sentencia causó mucha contrariedad en el pueblo austríaco, ya que aparte de corregir los fallos y celebrar una elección limpia, también se vio los costes de este esfuerzo.

Para repetir la segunda vuelta el Tribunal fijaba el 2 de octubre, pero había hecho el cálculo sin un invitado, que se presentaba en forma de sellos cuyo pegamento no era lo suficientemente duradero para garantizar un transporte indemne. Es decir, el voto por correo hubiese sido básicamente un voto inválido, debido a que parte de los sellos se abrirían ya en el camino hacia las urnas.

Por lo tanto una vez más había que posponer las elecciones, el 4 de diciembre fue elegido para superar los nuevos retos.

Cuando llegó el 4 nos esperaban varias sorpresas. Primero, de nuevo, contrariamente al pronóstico de que la gente se iba a desanimar, hubo una participación electoral altísima, de un 74,2%, significando incluso que  iba a las urnas más gente que en la “primera” segunda vuelta. Además, con el Brexit, las elecciones de EE.UU. y la fuerza de la derecha europea creciendo, había muchísimo pesimismo ante el resultado e incluso algunos temieron otro empate. Tampoco era previsible si el resultado se iba a manifestar ya el día de las elecciones o más bien el día siguiente tras el recuento de los votos por correo. Con todas nuestras angustias, teniendo los nervios a punto de estallar, vimos que los primeros cómputos aproximados indicaron que el nuevo resultado iba a ser la ratificación del anterior.

Resumiendo, el nuevo presidente, Van der Bellen, pudo contar con el 53,79% de los votos, frente al 46,21% del otro candidato, Hofer. En total, había consolidado la diferencia de unos 31,000 a unos 350,000 votantes. Aun así, vemos que tendrá la difícil tarea de conciliar el país e intentar ser un presidente para tod@s l@s austríac@s.

Cabe decir, que en la vida real, los últimos presidentes han sido representantes del país e instancias morales, más bien pasivas; en el futuro veremos si este cargo se había revitalizado por estas elecciones o si al final mucho se quedará en mucho ruido y pocas nueces. Hoy por la noche, lo único bastante cierto será, que hasta el día de las próximas elecciones, la suerte está echada.

Julia Malisch

 

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