Crepes de Cabilia

5 Jun

Se llaman TIGHRIFIN en bereber y son crepes típicas de los bereberes de Cabilia (Argelia). Se preparan generalmente los días de mucho frío en invierno y especialmente en el primer día del nuevo año bereber llamado YENNAYER, y que corresponde al 12 de enero. Por cierto, el calendario bereber empezó en el año 950 antes de Cristo, que corresponde a la victoria del rey bereber Sheshonq contra los faraones. Por lo tanto, el año 2017, corresponde al año 2967 en el calendario bereber. Aunque ahora las crepes se hacen de Pascuas en Ramos debido al continuo abandono de las tradiciones, siguen siendo uno de los recuerdos más bonitos de mi infancia. Recuerdo que los días en los que se preparaban las crepes eran días muy especiales para todos los niños de la zona. En mi casa, me ponía siempre junto a mis hermanos, alrededor de mi madre, para observar los pasos de preparación y para comer las crepes muy calentitas con las bajas temperaturas de invierno.

Los ingredientes necesarios para la preparación son comunes a todos los tipos de crepes  existentes en el mundo, incluyendo sémola, harina, sal y levadura. La diferencia reside principalmente en el procedimiento. A primera vista parecía muy sencillo pero cuando nos atrevíamos (yo y mis hermanos) a probar no era tan fácil. Cualquier movimiento o paso tiene su cómo y su por qué. Para empezar mi madre mezclaba los ingredientes con la mano derecha haciendo unos movimientos de forma de 8 y con la mano izquierda iba vertiendo agua poco a poco. Dejaba pasar el agua entre sus dedos para controlar la cantidad y evitar que se hidratase demasiado la masa y que se formaran grumos. Mi madre tenía tanta paciencia que no sé cómo explicarla, y nunca se aburría de repetir esos pasos tantas veces como hiciera falta hasta conseguir una masa ligera. Creo que el secreto está en el cariño que le ponía y en el hecho de que ella hacía todo cantando. Al contrario que nosotros (yo y mis hermanos) que queríamos las crepes listas para comer en un santiamén. Recuerdo que ella siempre decía que cuando te encargas de preparar algo, nunca tienes tantas ganas de comerlo como cuando te lo prepara otra persona. ¡Ahora le toca reposar!-decía siempre mi madre. Entonces cubría la masa con una tela y nos soltaba siempre el famoso chiste ahora si no sube tendréis que bajar a ayudarla. Recuerdo que no parábamos de preguntar sobre la identidad de la persona que iba a subir, sospechando que iba a ser alguna vecina nuestra. En realidad ella se refería a la masa. En concreto, durante esta fase de reposo, la levadura fermenta y produce dióxido de carbono. Las burbujas de este gas levantan la masa hasta duplicar su volumen. Era la señal de que la masa estaba lista para la cocción. Mi madre procedía colocando un cucharón de masa en el centro de un plato de hornear puesto a fuego lento. A continuación distribuía uniformemente la masa en el plato haciendo movimientos circulares desde el centro hacia los bordes. Siempre le preguntábamos por qué no le daba la vuelta a la masa para que se cocinara de ambos lados pero ella siempre decía que la masa solo se debía cocinar de un solo lado. Nos explicaba que cuando la superficie de la masa se cubriera completamente de pequeños agujeros era cuando se debía retirar del fuego. Así por fin las crepes estaban listas. Dependiendo de los gustos de cada uno, las crepes se pueden comer con mermelada, chocolate fundido o miel. Eran tan ricas que mi madre no paraba de quejarse de que el plato de las crepes hechas, a menudo, seguía vacío media hora después que ella empezara a prepararlas. Comparadas con las de España, las crepes de Cabilia son mucho más gruesas, en consecuencia, con solo dos uno ya acaba empachado. Recuerden que lo ideal es tomarlas calentitas en el desayuno con las bajas temperaturas de invierno.

Recuerdo que cuando entraba en cualquier  casa bereber, siempre había un pastel tradicional que nunca faltaba. Es un pastel en forma de cuadrados que se hace a base de trigo. Mi madre lo ponía todas las mañanas en el desayuno, y cuando nos aburríamos de dicho pastel pedíamos a mi madre que nos hiciera otro. Ella nos hacía el mismo pastel pero en forma de triángulos y eso nos hacía felices porque pensábamos que era otro. En resumen, las crepes eran tan especiales para nosotros porque rompían un poco la rutina de los cuadrados y triángulos.

Djamel Rahmani

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