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La tradición de San Nicolás

10 Dic

El día de San Nicolás, el 6 de diciembre es una costumbre cristiana del adviento. San Nicolás no solo es una persona que trae regalos a los niños, sino también un medio de educación pedagógica. En su visita se leen los hechos buenos y malos de cada niño. A los que se portan mal no les da regalos.

San Nicolás vivió en el siglo IV, de 286 hasta 345 en Myra, una ciudad en la Turquía de hoy. Poco tiempo después de que Nicolás entrara en un monasterio, empezó la persecución de los cristianos así que le capturaron y torturaron  Sin embargo, siguió con su creencias cristianas.

Según la leyenda hizo muchos Milagros. En una familia pobre, pudo impedir que el padre forzara a sus hijas a la prostitución. Los miembros de esa familia pusieron los calcetines al lado de las ventanas o de la chimenea para secarlos. Nicolás metió dinero en los calcetines. También salvó a tres peregrinos que estaban en peligro marítimo. Subió a bordo y paró el viento. Además, salvó a los ciudadanos de Myra de una hambruna. Por tantas leyendas, Nicolás es uno de los santos más apreciados. Además es el patrón de los viajeros, los niños, los navegantes y de los panaderos.

En el siglo VI la gente empezó a adorar a San Nicolás en la iglesia griega y a partir del siglo VIII se extendió por Europa Central y Europa del Sur. En 980 se construyó la primera iglesia de San Nicolás en Alemania. Hasta el siglo XVI se fundaron más de 2200 iglesias con su nombre. Desde  1555 San Nicolás es conocido por dar regalos a los niños.

En la noche del día 5 o del día 6 de diciembre los niños ponen sus botas limpias delante de la puerta para que San Nicolás las llene de chuches, frutas y nueces. En algunas familias San Nicolás viene en persona con su compañero. Lleva  ropa de obispo, una barba blanca y larga, un gorro y un bastón episcopal. Además trae un libro de oro en donde están escritos los hechos buenos y malos de los niños. Los niños dan gracia a San Nicolás con canciones o poemas. Los adultos a menudos se regalan un San Nicolás de chocolate. Va acompañado de Knecht Ruprecht que tiene la cara ennegrecida, lleva ropa rota y sucia, tiene  cadenas y trae una vara y una bolsa. Knecht Ruprecht representa al demonio amansado que está en el lado de San Nicolás. Los niños tienen miedo de él y están exhortados a ser buenos.

 

 

Charlotte Reiter

Novruz

15 Dic

Novruz es una de las fiestas más antiguas y bellas de Azerbaiyán. Hay 3 atributos principales de esta fiesta: Samani, Khoncha y hoguera. Novruz es una fiesta de la primavera. Desde tiempos antiguos esta fiesta se celebra en el Este. La palabra significa’Novruz’ nuevo día y el comienzo del nuevo año. Novruz es el día del equinoccio de primavera (20-21 de marzo).
La preparación para Novruz comienza 40 días antes. La gente comienza a plantar ‘Samani’ en placas. Samani es una hierba verde. Es el símbolo de la vida y el despertar de la naturaleza después del invierno.
La gente cocina diferentes dulces y pintan los huevos y decoran el’Khoncha’. Khoncha es la bandeja con dulces, huevos pintados, frutos secos y velas. Khoncha es la decoración de cada mesa de fiesta. Nuestras comidas y dulces nacionales se preparan en todas las casas durante estas vacaciones. El Plov es la comida principal de esta fiesta.
El Pakhlava y Shakarbura son los principales dulces durante Novruz. Todas las comidas y dulces preparados en Novruz son realmente deliciosos.
(Si quieres hacer pakhlava, entonces visita esta página web: http://www.dilovely.com/2013/03/azerbaijan-pakhlava-paxlava/)
Antes de Novruz celebramos los cuatro últimos martes. En los últimos Martes la gente enciende hogueras en el patio o en las calles y también enciende candelas en las casas. La gente salta sobre la hoguera 7 veces. Se cree que si lo hace, entoncestendrá buena salud el próximo año.
En la noche del Novruz, los niños ponen sus gorros en las puertas de los vecinos o amigos. Los dueños de la casa los llenan con  dulces y frutas como un regalo de fiesta para los niños.

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Jamila Fajarova

El vendedor de hielo

28 Nov

Os cuento una historia

En Sicilia, en un pequeño pueblo al lado del mar, durante las calientes tardes del verano en los años 40, normalmente pasaban cosas magníficas, una de ellas era: “El señor que vendía el … “<< Hielo, Hielo >> era lo que él gritaba con su vozarrón.

 

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Caminaba lentamente trayendo el carrito con sus brazos fuertes y bronceados.

Era un señor que todas las mujeres miraban fascinadas, de hecho era muy guapo “u ghiacciularo “.

Llamaba siempre a la atención, con aquel carrito, llevando bloques de hielo.

Las personas más ricas le pagaban y a cambio de cinco liras el señor les proveía de una parte del fresco hielo, el cual se utiliza para enfriar bebidas y mantener los alimentos.

Había quien vino de lejos para comprarle un poquito. Los que vivían cerca no tenían tiempo para ponerse las babuchas tanta era la euforia. Casi todo el mundo estaba descalzo y había quien tenía solo la ropa interior, por la prisa.

Reconocían el sonido del carrito que arrastraba, durante el camino, la caliente calle; dejaban de hacer cualquier cosa para correr hacia el vendedor. De repente, la carretera principal con su desértico calor se inundaba de un gran número de niños entusiastas que salían a escondidas de sus casas y del control de sus padres.

Los niños estaban listos y alertas alrededor del carrito, sin permitirse ninguna distracción.

 

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Cuando “u ghiacciularo” cortaba con martillo y cincel el hielo para obtener las dimensiones correctas de acuerdo con lo que le pidieran, le escapaban una multitud de fragmentos que se le habrían adherido a la tierra si no fuera por los niños, que rápidamente luchaban bromeando para capturarlas y así se refrescaban, todavía solo un pequeño momento.

José estaba sosteniendo un vaso de agua con la esperanza de ser capaz de llenarlo de hielo.

Carlos, con el cubo lleno de la fuente, bañaba a los amigos para llegar a la primera estación.

Marta tenía, incluso antes de empezar, trenzas despeinadas por la demasiada furia con la que huía de los pretendientes.

Había quien, desde hace años, en particular Francesco, tenía experiencia y calculando la distancia correcta y el ángulo que podría garantizar mejores resultados, lograba como por arte de magia que las trizas de hielo terminaran precisamente dentro su boca golosa y de par en par!

Había también niñas que celebraban el momento saltando alegremente todo el día con la cuerda, repitiendo la canción que aproximadamente rezaba así: << bi bo los de abajo no lo sé, pero pronto lo sabré, en bì bo>>.

Cuando “u ghiacciularo” había satisfecho todas las demandas de los clientes, a toda prisa se iba con baldes llenos, pero angustiado y perseguido por los niños que pedían un poco de hielo rechazado.

La pandilla de los niños, sin embargo, no desaparecía de inmediato;  había un poco “en la mancha de humedad, que el carrito inevitablemente había dejado, para jactarse de sus victorias y burlarse de los menos afortunados, que no habían podido tomar la cantidad equivalente a un copo de nieve. Había quien con las manos juntas llevaba un número “enorme” de polvo de hielo y se apresuraba a casa corriendo con la esperanza de dejárselo mirar a su familia.

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Eso pasaba todos los sábados a las tres; siempre misma escena y mismo entusiasmo.

El único niño que no participaba en esta fiesta, era Tommasino, el hijo del vendedor que, a veces, conducía el carro, sintiéndose importante, cuando todos los demás niños lo miraban asombrados y admirados.

Despertaba la envidia de todos; Era casi el “maestro del hielo”, el unico niño que podía tener una cantidad ilimitada y de calidad definitivamente superior.

Podía elegir las piezas más claras y transparentes en la fabrica del padre, no sólo para beber, sino que se decía que incluso en el días de siroco, que se lavaba en una bañera llena de hielo!

En verdad de vez en cuando pensaba en cómo iba a ser feliz: ganar lo que él siempre había tenido.

Le habría encantado divertirse con los amigos.

Quería tomar un trofeo a su madre, y recibir en cambio un buen beso cariñoso como el que Paloma plasmaba en el rostro de su hijo Miguelito, haciéndolo sonrojar todo.

En su lugar estaba allí, casi despectivo, por encima de la cesta, espectador de la fiesta de los demás, sonriendo por sí mismo para ocultar su profunda tristeza.

¡Quería alcanzar la felicidad!

En una de estas tardes, algo realmente sorprendente e inesperado pasó: como un hechizo que rompió la monotonía festiva.

El más valiente de todos grito’: << Vamos! Bajad >>, y al instante en la mejilla de Tomassino una lágrima fría corrió, símbolo del hielo de un alma que se derrite!

Debora Collotta